Un viaje desesperado: huir de guerras invisibles en Centroamérica

miércoles, 31 de octubre de 2018 13:02

En Honduras, El Salvador y Guatemala, la violencia y la pobreza generalizadas durante los últimos años han provocado una crisis humanitaria transfronteriza. Cada año, unas 500.000 personas huyen de las amenazas, la extorsión y el reclutamiento forzoso. Emprenden un viaje mortal en busca de seguridad en EE. UU.




No más muertes’, proclama un grafiti garabateado en spray verde, en medio del bulevar Suyapa, en el centro de Tegucigalpa, la frontera de Honduras.

‘No más muertes’. Una petición –y lamento- clara y contundente que se repite en toda la ciudad y en todo Honduras, Guatemala y El Salvador. En estos tres países, el llamado Triángulo Norte de Centroamérica, la violencia y la pobreza generalizadas durante los últimos años han provocado una crisis humanitaria transfronteriza sin igual.

Heridos por la profunda desigualdad social, la inestabilidad política y el conflicto, estos países se han desestabilizado aún más por la intervención de Estados Unidos en la región a lo largo de los últimos 40 años. 

Ahora, estos países también están luchando con la rápida expansión de la delincuencia organizada transnacional, que ha explotado en la última década. 

En El Salvador, Guatemala y Honduras, el tráfico de drogas y personas por parte de grupos criminales conocidos como maras, junto con la corrupción generalizada y la débil aplicación de la ley, han dado lugar a un entorno en el que los civiles enfrentan la amenaza constante de la violencia.

Cada año, unas 500.000 personas huyen de los países del Triángulo Norte, desplazadas por amenazas, extorsión, reclutamiento de pandillas forzadas y tasas de homicidio similares a las de países en guerra. 

Muchos no tienen más remedio que emprender un peligroso viaje hacia el norte, arriesgando graves lesiones e incluso la muerte en el camino, con la esperanza de alcanzar la seguridad en Estados Unidos. 

Siguen haciéndolo a pesar de los esfuerzos del gobierno de Trump para aumentar las deportaciones y desmantelar las protecciones legales para los refugiados y solicitantes de asilo en EE. UU. 

Las consecuencias para la salud física y mental de este desastre en desarrollo han pasado inadvertidas en gran medida por la comunidad internacional. 

En respuesta a esta situación, MSF estamos ampliando nuestras actividades para brindar atención médica y psicosocial, llevando a cabo proyectos en hospitales y clínicas y en refugios para migrantes a lo largo de las rutas del norte.

Nuestros equipos también están trabajando para adaptar mejor nuestros servicios a un número creciente de personas en tránsito.